La maniobra de Heimlich en accidentes de trabajo

La maniobra de Heimlich en accidentes de trabajo en Arequipa Peru
Primeros Auxilios

Primeros Auxilios en el Trabajo

La maniobra de Heimlich

La maniobra de Heimlich en accidentes de trabajo

Guía para una respuesta rápida y eficaz ante atragantamientos en el entorno laboral


Un simple bocado durante la pausa del almuerzo, un caramelo para mantener la concentración o incluso un pequeño objeto manipulado en el taller pueden convertirse en cuestión de segundos en una emergencia vital. La obstrucción de la vía aérea por un cuerpo extraño —el atragantamiento— es una causa prevenible de muerte que no distingue entre el hogar, la calle o el centro de trabajo. En el ámbito laboral, donde conviven personas de distintas edades, condiciones físicas y ritmos de actividad, disponer de conocimientos sólidos sobre primeros auxilios no es solo una recomendación: es una responsabilidad legal y ética.

Dentro de ese arsenal de primeros auxilios, la maniobra de Heimlich ocupa un lugar destacado. Sencilla en su ejecución pero contundente en su fundamento mecánico, esta técnica ha salvado innumerables vidas desde su descripción en 1974. Este artículo ofrece una revisión técnica, completa y práctica sobre la maniobra de Heimlich orientada al entorno de trabajo: qué es, cómo se realiza correctamente, qué variantes existen según la víctima y qué consideraciones específicas debe tener en cuenta una organización para estar preparada ante un episodio de asfixia por cuerpo extraño.


¿Qué es la maniobra de Heimlich?

La maniobra de Heimlich, también conocida como compresión abdominal subdiafragmática, es un procedimiento de desobstrucción de la vía aérea diseñado para expulsar un cuerpo extraño alojado en la faringe, laringe o tráquea. Fue desarrollada por el cirujano torácico estadounidense Henry J. Heimlich, quien demostró que una brusca elevación del diafragma podía generar una corriente de aire suficiente para desalojar el objeto causante de la asfixia.

Desde el punto de vista fisiopatológico, la maniobra convierte la cavidad torácica y abdominal en una especie de “fuelle” de emergencia. Al aplicar una presión firme y dirigida hacia adentro y hacia arriba sobre el epigastrio (la zona situada entre el ombligo y el esternón), se comprime el diafragma, se incrementa la presión intratorácica y se fuerza la salida del aire residual de los pulmones. Ese flujo espiratorio artificial puede alcanzar una velocidad suficiente para expulsar el objeto obstructor, restableciendo la permeabilidad de la vía aérea.

La maniobra está indicada exclusivamente en víctimas conscientes mayores de un año que presentan una obstrucción completa de la vía aérea y no pueden toser, hablar ni respirar. Cuando una persona se lleva las manos al cuello —el signo universal de asfixia— y no emite sonido, el tiempo para actuar se mide en minutos.


¿Para qué sirve?

El objetivo único e inmediato de la maniobra de Heimlich es evitar la muerte por asfixia y las graves secuelas neurológicas derivadas de la hipoxia cerebral. En un adulto, la pérdida de consciencia puede sobrevenir en apenas dos o tres minutos sin oxígeno; el daño cerebral irreversible, en cuatro o cinco. Por tanto, su finalidad no es tratar una simple molestia ni sustituir la tos efectiva, sino intervenir cuando los mecanismos fisiológicos de defensa han fracasado.

En el contexto laboral, su utilidad cobra especial relevancia:

  • Comedores y áreas de descanso, donde el riesgo de atragantamiento con alimentos es diario.
  • Trabajos con exposición a piezas pequeñas (tornillería, componentes electrónicos, tapones, monedas en manejo de efectivo), que podrían ser introducidos accidentalmente en la boca.
  • Personal que come apresuradamente por exigencias de turnos, aumentando la probabilidad de deglución defectuosa.
  • Trabajadores con dificultades de deglución (disfagia) secundarias a la edad, enfermedades neurológicas o medicación.
  • Actividades de team building, celebraciones o catering, donde los ámbitos de alimentación informal pueden disparar un incidente.

Saber aplicar la maniobra de Heimlich convierte a cualquier compañero de trabajo en un primer eslabón de la cadena de supervivencia mientras llegan los servicios médicos de emergencia.


Técnica correcta en adultos y niños mayores de un año

Antes de ejecutar la maniobra, es imprescindible verificar la obstrucción completa. Se debe preguntar claramente a la víctima: “¿Te estás ahogando? ¿Puedes toser?” Si la persona es capaz de toser con fuerza, emitir algún sonido o hablar, la vía aérea no está totalmente bloqueada. En ese caso, se le animará a toser vigorosamente, sin interferir. Solo cuando la tos es inefectiva, la respiración se ausenta y la víctima presenta cianosis (color azulado en labios y piel) o el signo universal de asfixia, se procederá de inmediato.

Pasos para la maniobra de Heimlich estándar

  1. Posición de seguridad
    Colóquese de pie detrás de la víctima, que puede estar sentada o de pie. Rodéela con ambos brazos por la cintura.
  2. Formación del puño
    Cierre una mano formando un puño. Sitúe el lado del pulgar contra el abdomen de la víctima, en la línea media, justo por encima del ombligo y claramente por debajo del apéndice xifoides (la punta inferior del esternón). Esta localización es crítica: una presión demasiado alta sobre el esternón o las costillas puede provocar fracturas; una demasiado baja pierde efectividad.
  3. Agarre y ángulo de empuje
    Sujete el puño con la otra mano, abrazando firmemente el torso. Asegúrese de que sus antebrazos no presionan las costillas lateralmente.
  4. Compresiones en “J”
    Realice un movimiento rápido, seco y enérgico hacia adentro y hacia arriba, como dibujando una “J” invertida. La fuerza debe aplicarse de manera súbita para elevar el diafragma y generar la sobrepresión aérea.
  5. Repetición
    Repita la compresión tantas veces como sea necesario, con series de cinco comprobaciones rápidas. Si el objeto no sale y la víctima pierde el conocimiento, se interrumpe la maniobra y se inicia el protocolo de reanimación cardiopulmonar (RCP) (véase apartado correspondiente).

Precauciones técnicas

  • Nunca emplear la maniobra de Heimlich si la víctima tose, habla o respira adecuadamente.
  • Evitar presionar sobre las costillas o el esternón bajo.
  • En niños mayores de un año, ajustar la fuerza proporcionalmente a la contextura física; la posición de las manos es la misma.
  • Al finalizar exitosamente la maniobra, toda víctima debe ser evaluada en un centro sanitario, ya que pueden existir lesiones internas o restos del cuerpo extraño.

Variantes de la maniobra según la situación y la víctima

La técnica estándar no siempre puede aplicarse. Las características de la víctima o el hecho de estar solo exigen adaptaciones que todo trabajador formado debe conocer.

1. Maniobra de Heimlich en uno mismo (auto-Heimlich)

Si un trabajador se atraganta estando solo y no puede toser ni respirar, debe autopracticarse la compresión abdominal de inmediato. Existen dos métodos complementarios:

  • Con el propio puño
    Formar un puño con una mano y colocarlo sobre la zona epigástrica (encima del ombligo, bajo el esternón). Sujetarlo con la otra mano y efectuar un empuje rápido hacia adentro y hacia arriba, como si otra persona lo realizara. Puede hacerse de pie o inclinado ligeramente hacia delante.
  • Contra un objeto firme
    Buscar un borde sólido de altura adecuada: respaldo de una silla, barandilla, encimera, borde de una mesa resistente, etc. Inclinarse sobre dicho borde, de modo que presione la misma zona epigástrica, y ejercer un movimiento seco de compresión usando el peso del propio cuerpo. Es vital asegurarse de que la superficie no sea cortante ni inestable.

En el entorno laboral, este conocimiento salva vidas en puestos de trabajo solitarios o durante horarios con poca afluencia de personal. La prevención sugiere que los trabajadores conozcan de antemano qué objeto de su entorno inmediato podría servirles como palanca de emergencia.

Auto-Heimlich

2. Maniobra en mujeres embarazadas y personas con obesidad significativa

En gestantes, especialmente en el tercer trimestre, y en personas cuyo abdomen presenta un gran volumen (obesidad severa), las compresiones abdominales resultan anatómicamente imposibles o peligrosas para el feto y la madre. La técnica se modifica sustituyendo las compresiones abdominales por compresiones torácicas.

Procedimiento de compresiones torácicas

  1. Situarse detrás de la víctima, que puede estar de pie o sentada.
  2. Rodear el tórax con los brazos, colocándolos justo por debajo de las axilas.
  3. Ubicar el puño en el centro del pecho, sobre la mitad inferior del esternón (nunca sobre el apéndice xifoides ni sobre los arcos costales).
  4. Sujetar el puño con la otra mano y realizar compresiones firmes y secas hacia atrás, en dirección horizontal (no hacia arriba), imitando la mecánica de las compresiones torácicas de la RCP pero con la intención de generar un pico de presión que expulse el objeto.

La compresión torácica eleva la presión intratorácica de manera análoga a la compresión abdominal, sin impactar el útero grávido. En empresas con alto porcentaje de trabajadoras en edad fértil o programas de inclusión de personas con obesidad, la formación específica en esta variante es un estándar de calidad preventiva.

Compresiones toráxcicas en embarazadas

3. Maniobra en lactantes (menores de un año)

La maniobra de Heimlich está contraindicada en bebés. La razón anatómica es clara: su caja torácica y sus órganos abdominales (hígado, bazo) son extremadamente vulnerables a las compresiones abdominales, con alto riesgo de lesiones viscerales graves. El protocolo para lactantes se basa en la combinación de golpes en la espalda y compresiones torácicas suaves.

Protocolo para lactante consciente (atragantamiento completo):

  1. Posición de seguridad y golpes interescapulares
    Sentarse o arrodillarse y colocar al bebé boca abajo a lo largo del antebrazo, con la cabeza más baja que el tronco y la cara bien sujeta sujetando la mandíbula (sin presionar la garganta). Apoyar el antebrazo sobre el muslo para dar estabilidad.
    Con el talón de la mano libre, asestar cinco golpes enérgicos entre los omóplatos.
  2. Compresiones torácicas
    Si el objeto no sale, girar al bebé boca arriba manteniéndolo sobre el antebrazo contrario, cabeza más baja que el tronco, y apoyar de nuevo en el muslo.
    Localizar el punto de compresión: en el centro del pecho, sobre el esternón, justo por debajo de la línea intermamilar. Con dos dedos (índice y medio) realizar cinco compresiones torácicas firmes, deprimiendo el tórax aproximadamente un tercio de su profundidad.
  3. Alternancia y evaluación
    Repetir ciclos de cinco golpes y cinco compresiones, inspeccionando la boca entre ellos para extraer el objeto solo si es claramente visible (nunca realizar un barrido digital a ciegas). Si el lactante pierde la consciencia, comenzar RCP pediátrica de inmediato.

En guarderías de empresa, centros de trabajo con salas de lactancia o cualquier entorno donde puedan acceder bebés, este conocimiento es irrenunciable. La formación debe cubrir tanto la técnica como la prevención de accidentes por piezas pequeñas al alcance.

Maniobra en lactantes

4. Actuación cuando la víctima pierde la consciencia

La maniobra de Heimlich es una técnica para víctimas conscientes. Si en el transcurso de las compresiones la persona deja de responder y se desmaya, se debe interrumpir y seguir este procedimiento:

  • Apoyar cuidadosamente a la víctima en el suelo, protegiendo cabeza y cuello.
  • Activar el sistema de emergencias (llamar al número de emergencias local del centro de trabajo, o al 112/911) o pedir a un compañero que lo haga. Si se está solo y se dispone de teléfono, activar el manos libres mientras se inician las compresiones torácicas de RCP.
  • Iniciar RCP básica: 30 compresiones torácicas (centro del pecho, profundidad 5-6 cm en adultos, frecuencia 100-120/min) seguidas de 2 ventilaciones. Antes de cada ventilación, abrir la vía aérea y mirar dentro de la boca: si se observa claramente el objeto, retirarlo con un barrido de gancho con el dedo. Si no se ve, no introducir los dedos a ciegas.
  • Continuar los ciclos de RCP (30:2) hasta que llegue la asistencia médica, la víctima se recupere o el rescatador esté agotado.

Las compresiones torácicas de la RCP también generan presiones que pueden contribuir a expulsar el cuerpo extraño, especialmente si se realizan con la técnica correcta. En el ámbito laboral, los desfibriladores externos automáticos (DEA) deben estar disponibles, aunque en un atragantamiento no se requiere desfibrilación salvo que la parada cardíaca se deba a una arritmia desfibrilable tras la hipoxia.

Actuación ante pérdida de consciencia

Consideraciones específicas en el entorno laboral

La empresa no solo debe garantizar que algunos trabajadores conozcan la maniobra de Heimlich; ha de construir un ecosistema de prevención y respuesta que abarque desde el diseño de los espacios hasta la documentación de los incidentes.

Formación y reciclaje

  • Formación inicial y continua: Todo el personal debe recibir, al menos, un taller básico de primeros auxilios que incluya la maniobra de Heimlich, adaptada a los perfiles de riesgo de la plantilla. Los equipos de primera intervención (EPI) designados en el plan de emergencia requieren reciclaje práctico al menos cada dos años, según las recomendaciones de organismos internacionales como la American Heart Association.
  • Simulacros realistas: Escenificar un atragantamiento en el comedor o en una oficina permite afianzar las destrezas y detectar fallos organizativos (carencia de medios de comunicación, rutas de evacuación bloqueadas, etc.).
  • Material didáctico accesible: Carteles con pictogramas claros y pasos numerados, ubicados en zonas de restauración, salas de descanso y tablones de seguridad, resultan un refuerzo visual permanente. Se recomienda incluir adaptaciones para embarazadas, obesos y lactantes si aplica.

Diseño de espacios y cultura preventiva

  • Zonas de alimentación seguras: Mobiliario estable (mesas firmes que puedan servir de soporte en una auto-Heimlich), sillas sin ruedas en la medida de lo posible, disposición que facilite el acceso rápido por detrás de una víctima sentada.
  • Cultura del “mastica y habla después”: Campañas de sensibilización que promuevan pausas adecuadas para comer, reducir las comidas apresuradas y evitar hablar o reír con la boca llena, especialmente en turnos con presión horaria.
  • Gestión de piezas pequeñas y objetos: En entornos industriales o de manipulación, cualquier elemento susceptible de ser llevado a la boca involuntariamente debe estar controlado (piezas en bandejas, prohibición de llevar objetos en la boca como clavos o alfileres, uso de mascarillas si procede).

Protocolos de emergencia y cadena de aviso

  • El plan de emergencia de la empresa debe detallar claramente qué hacer ante un atragantamiento: quién actúa, quién llama a emergencias, quién guía a los servicios médicos hasta el lugar.
  • Los números de emergencia interna y externa deben estar actualizados y visibles.
  • En centros con riesgo elevado (residencias, colegios dentro de empresa, comedores de gran capacidad), la disponibilidad de un botiquín con pinzas de extracción (solo para objetos visibles en boca) y un DEA forma parte del estándar de respuesta integral.

Diversidad de la plantilla

  • Embarazadas y personas con obesidad: Los responsables de prevención deben identificar a las trabajadoras gestantes y garantizar que el equipo de primeros auxilios conoce las compresiones torácicas.
  • Trabajadores mayores o con disfagia: Los trastornos de la deglución asociados a ictus previos, Parkinson u otras patologías requieren un plan de cuidado individualizado que contemple consistencia de alimentos, supervisión y formación específica de los compañeros más cercanos.
  • Presencia de menores: Si en el centro laboral existen servicios de guardería, ludoteca o simplemente se permite la visita de familiares, la formación en maniobra sobre lactantes es inexcusable.

Aspectos legales y de cobertura

La legislación en materia de prevención de riesgos laborales (como la Ley 31/1995 en España, o normativas análogas en América Latina) obliga al empresario a analizar los riesgos, formar e informar a los trabajadores y disponer de medios para los primeros auxilios. Un incidente de atragantamiento mal resuelto por falta de formación o de medios puede derivar en responsabilidades administrativas, civiles y, en casos extremos, penales. Documentar el plan formativo, los simulacros y los medios de respuesta es tan importante como la propia técnica.


Prevención: la medida más efectiva

Aunque este artículo se centra en la actuación de emergencia, es obligado recordar que la prevención primaria es la mejor maniobra de Heimlich:

  • Trocear los alimentos en porciones pequeñas antes de comer, especialmente carnes, salchichas, frutos secos y caramelos duros.
  • Evitar el consumo de bebidas alcohólicas en las comidas de trabajo, ya que el alcohol deprime los reflejos deglutorios.
  • No hablar, reír o caminar con comida en la boca.
  • Supervisar a personas con dificultades de deglución y adaptar las texturas si es necesario (dietas trituradas, espesantes).
  • Mantener fuera del alcance piezas pequeñas, globos desinflados, tapones y similares, tanto en comedores como en puestos de trabajo.

La maniobra de Heimlich es mucho más que un gesto de primeros auxilios: es la expresión máxima de la solidaridad y la preparación en el lugar de trabajo. Su correcta ejecución puede transformar un suceso potencialmente mortal en una anécdota con final feliz. Sin embargo, esa transformación no ocurre por casualidad. Exige empresas comprometidas con la formación continua, trabajadores que conocen la técnica estándar y sus adaptaciones —auto-Heimlich, compresiones torácicas para embarazadas, golpes y compresiones para lactantes— y una cultura organizacional que valora cada segundo de respuesta como un bien preciado.

Integrar la maniobra de Heimlich en el plan de emergencia laboral no es un lujo técnico, sino un pilar de la diligencia debida. Y, al final, una vida salvada en el comedor de una oficina, en la cadena de producción o en el taller no se mide en indicadores de siniestralidad, sino en el abrazo de una familia que no tuvo que despedirse aquella jornada. Que ese sea el estándar real de toda organización que aspira a la excelencia en seguridad y salud laboral.